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2/11/10

Oh, poesía, condúceme.....


Carl BouMansour
.
• Queridos amigos, en anteriores entradas os dije que iría rescatando más poemas del escritor sonorense Abigael Bohórquez.
• En esta ocasión se trata de una poesía que canta a la poesía en si misma, a la inspiración, a la necesidad de sentir bajo las yemas de los dedos de nuevo esa orden que nos dicta el espíritu cuando necesita expresarse.
• El poeta suplica, implora y ruega de manera vehemente que la poesía le ponga de nuevo a caminar.
• Con un léxico exquisito y múltiple en sus variantes lingüísticas, Bohórquez nos enriquece en matices heterogéneos y sobre todo nos emociona cuando nos sumergimos completamente en su inspirado universo.




Andrew Malinowski
• Poesía, desembárcame,
• échame a tierra y léñame;
• como a candil de sangre, enciéndeme,
• que sepa tu voz.
• Poesía, horádame,
• ancla en mí, balsamízame,
• sumérgeme en la luz líquida y lenta
• de este trago de vino;
• rescátame, tremólame,
• tengo hambre de tu lanza en mi costado.
• La transfiguración, poesía.
• Inúndame,
• haz de mis huesos el temblor;
• no tardes, tempestad,
• golpea,
• abre compuertas sin descanso al vértigo,
• amor de mi niñez, poesía,
• debemos dar el canto,
• es preciso, poesía,
• pertúrbame, combáteme,
• mira mi corazón, préndele fuego,
• deste derrumbe amante amasa el trino,
• no hay tiempo que perder,
• el sitio es éste, el corazón, oh, sed;
• desuéllame, poesía,
• asesta el golpe que debe abrir el surtidor,
• quebrántame;
• y en esta carne admonitoria,
• carne de dar, devuélveme el niño aquel,
• el niño aquel escarnecido y dulce
• que lamía tus manos.
• Oh, poesía, condúceme,
• desgástame, desquíciame,
• procede,
• de donde estés, ordena,
• y ponme a caminar.
--------------
• Exordio
• (Desierto mayor , 1980)



• Abigael Bohórquez


Sir Edward John Poynter


John William Waterhouse


Jean Jacques Henner


Walter Crane


Dariusz Brański

31/3/10

Tina Suárez Rojas, fascinante poesía



Ella dice que sus poetisas favoritas son (Safo, Leonor de Aquitania, María de Zayas, Sor Juana Inés de la Cruz, Teresa de Ávila...) entre otras y claro, eso se nota. Su talento es abrasador y a mí señores, me hace temblar de gusto en cada verso.



Efectos pasionales al paso de un cometa

«te hablo en la triste vanidad del verso»

P. Barba-Jacob



I


porque hay un tequiero a expensas
de mi boca
mordiéndose la lengua
sin más alternativa
que la abandonada
ausencia de tu gesto
me llevo al sexo las manos
insomnes
y terribles
y vacías
mientras se corre
la voz de mis pasiones
afuera quedamente
en el aire humedecido
y el ángel que me guarda
se escurre atormentado
las alitas
como clara de huevo

II


me sabes a cadáver exquisito
cuando chupo tus raíces
en verso a eso
de la hora punta
del fuego y las palabrastengo todo ese olor
de piel entonces
a mis anchas
sin comillas ni paréntesis
sólo en presente
los verbos que te habitan
y cuatro pecados
declinando
tu nombrelejos de aspiraciones líricas
yo te transito en la escritura
alegre de olvidar latines
ansiosa de un asalto
en el camino de tu cuerpo
encrucijado el único camino
tu cuerpo
que no conduce a roma

III


hermoso de puro negro
negro
como las barbas de mansa lujuria
que envuelven el cielo
como la sangre irredimible sí
irredimible caliente
de la hojilla oxidada
injerta entre las venas
desde mi rara infancia
el deseo amor
tómatelo con calma
es ese perro viejo
que no te deja dormir
que ladra en la noche
y sale a tu encuentro
justo
cuando te escribo

IV


que me quieras
qué sé yo
bajito bajito sin primaveras
en almíbar ni cantos
ni cigarras
a años-luz de la nostalgia
que luego pudiera reclamar
recuerdos
sin presentir fieles futuros
sin lecciones aprendidas
desnuda de señales vanas
la imperecedera tristezaque me tengas cerca
hasta el remordimientoque me ames
de golpe y porrazo en sentido
figurado
aunque no caigan las brevas
como quien no quiere
mi cosa
porque te dan las ganas que me ames
a primera luz del día y
a las tantas de la noche
con el pan y las nueces
entremedio de la colcha
debajito de la almohada
mirándome a los ojos para volver
en piedra tus recelosquédate conmigo a secas
que no involucraré mi soledad
sencilla déjate hundir
en el barro y la sal
de esta herida fatua empeñada en dolersese hace tarde cariño
has de quemar ipso facto
al calor de pompeya la carne cruda
de mi naturaleza corazón
se hace tarde
ya te digo
y esto no debe parecer por dios
un bochornoso poema en celo





Tina Suárez Rojas









La transilvana


yo fui la transilvana,
la devota de su yugular
y mi boca se adhirió a su arteria
noche tras noche en salvaje fruición.
.
Lo demás
es la historia de una nota muy breve:
sigo amando a mi esposa
perdóname encanto
adiós hasta siempre.
.
Y la estaca hundida en el pecho
y el hedor a murciélago muerto.

.
Tina Suárez Rojas











5/10/09

El fantasma del barrio judío: Paul Leppin


Mary Jane Ansell
• Queridos amigos, hoy os mostraré un cuento del autor checo: Paul Leppin.
• Un escritor fructífero y brillante que cultivó no solo el arte de escribir cuentos, también fue un extraordinario autor teatral, poeta y novelista excelente.
• Nació en la ciudad de Praga el 27 de noviembre de 1878 y murió el 10 de abril del año 1945.
• Nos logra sumergir en el ambiente de su ciudad a través de las sensaciones de una mujer llamada Johanna.
• La descripción del ambiente es exquisita y la forma de escribir del autor nos introduce rápidamente en el justo instante que nos quiere mostrar.
• Espero que os guste.


Jared Joslin
• "En el centro de Praga, donde ahora forman anchas calles las altas y aireadas casas de alquiler, existía aún hace diez años el barrio judío.
• Un retorcido y lóbrego laberinto del que ninguna tormenta lograba barrer el olor a moho y paredes húmedas, y donde en verano las abiertas puertas despedían un aliento venenoso.


Prague Sunrise: Scott Burdick
• La suciedad y la pobreza apestaban a cual más, y en los ojos de los niños que allí crecían titilaba una indolente y cruel perversidad.
• A veces, el camino conducía a través de la panza de una casa, en forma de bajo y abovedado pasadizo, o daba una brusca vuelta para terminar de repente ante un muro.
• Los vendedores, que apilaban sus baratijas en el desigual adoquinado, delante de las tiendas, llamaban a los transeúntes con cara de astucia.
• En las entradas de las casas permanecían apoyadas las rameras de pintados labios, que reían con ordinariez, susurraban cosas a los oídos de los hombres y se levantaban la falda para enseñar las medias amarillas o verdosas.
• Viejas alcahuetas de blancas greñas y temblequeante mandíbula saludaban desde las ventanas, golpeaban el alféizar, llamaban con las manos y producían guturales sonidos de afán y satisfacción cuando algún individuo caía en la red y se aproximaba.


George Bellows
• Reinaba allí la lascivia y, una vez anochecido, invitaba a una visita con sus farolillos rojos.
• En algunos callejones había en cada casa un prostíbulo, cuchitriles donde el vicio se acostaba en un mismo lecho que el hambre, donde mujeres tuberculosas de marchitos encantos tenían establecido su mísero negocio; secretos tugurios en los que, entre murmullos y guiños, más de una chica en edad escolar era desflorada y su indefensa virtud terriblemente malvendida.


Fabián Pérez
• También había mancebías de postín, amuebladas con lujo, donde el pie sólo pisaba alfombras y las rollizas meretrices aparecían luciendo sedeños vestidos de cola.
• El salón Aaron se hallaba en un edificio de dos pisos, no lejos de la sinagoga y tocando a las destartaladas chozas del callejón de los gitanos.
• Dado el pobre aspecto de los alrededores, aquella casa casi producía un aspecto pulcro, pese a que el revoque de las paredes se había desprendido en parte y el polvo y la lluvia embadurnaban los vidrios de las encortinadas ventanas.
• De día dominaba el silencio.


Jeremy Lipking
• Sólo raras veces subía un cliente los gastados peldaños que conducían a la oscura entrada y, al cabo de una hora, volvía a salir rápidamente, vergonzoso y con el cuello subido. Pero de noche brotaba allí, como de pozos escondidos, una vida vibrante, ruidosa y llena de luz.
• Encendíanse las ventanas, y las risas aleteaban dentro como un pájaro encerrado en una jaula.
• Entre ellas sonaba la de Johanna; una especie de cálido arrullo, insinuante y sensual, que se distinguía claramente de las voces de las demás, y que en ocasiones ya se oía en medio del silencio matutino, como el canto de una alegre alondra enamorada.
• A Johanna le complacía que los hombres acudiesen a ella.


Fabián Pérez
• Estaba más solicitada que sus compañeras, porque a cada cliente le daba algo de esa dulzura apocada, torturadora e inquieta que llenaba su ser, y que los perezosos cuerpos de las otras mujeres no poseían. La propia Johanna se asombraba de ello.
• La profesión que para tantas rameras resultaba una aburrida y desagradable carga, despertaba en su persona un estático anhelo de amor, un acicate que sentía en su carne y que confería a sus ojos un brillo juvenil.


Gustav Klimt
• Con unos labios agrietados y heridos de tanto besar, bebía de la boca de los hombres, siempre invadida por la virginal voluptuosidad que acompañara su primer abrazo.
• En los descansos que le dejaba su pecaminoso trabajo, que le parecían insoportablemente largos y desiertos, escuchaba los pasos de los transeúntes, y si sonaba la campanilla, se le iluminaba el rostro y suspiraba.



Fabián Pérez
• Había muchos días en que saboreaba el amor hasta la saciedad, pero cuando por fin yacía en su cama con la cabeza atontada y los miembros doloridos, su memoria recorría aún todos los hombres conocidos, abandonándose al goce del recuerdo, y Johanna sonreía en la oscuridad.


Fabián Pérez

Zhaoming Wu
• A veces, sobre todo en verano, cuando se acostaba próxima ya la madrugada, su excitación aumentaba ya hasta el tormento.
• Entonces se asomaba en camisón a la ventana para observar el gueto. Extendía los desnudos brazos y sentía en su piel cual gotas de sangre la templada lluvia.
• Lo que tenía a sus pies, era su mundo.


Anna Bocek
• La ciudad donde parpadeaban las soñolientas luces de las casas de citas, donde en las callejuelas de mala reputación se acurrucaban pesadas sombras y, a lo lejos, un gimoteante violín o el duro tecleteo de un artefacto musical invitaba todavía a la diversión...
• Entonces una soñadora melancolía bañaba de lágrimas su cara.
• La brisa nocturna acariciaba suavemente sus senos, Johanna echaba la cabeza hacia atrás, y sus labios besaban el aire."
• Paul Leppin
• El fantasma del barrio judío, fragmento


Oskar Kokoschka, Praga

De Carmensabes poesia y arte

11/8/09

¿Cómo se había escondido tanta belleza bajo el polvo de los caminos?


Isidre Nonell Monturiol
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• Pensar en la figura del escritor Jorge Amado es sinónimo de admiración, de ternura. Es, recordar sus libros, con esas connotaciones realistas donde ponía de manifiesto las injusticias sociales.
• Pero también es sumergirse en unos textos sensuales, vivos, que invitan a imaginar como serán sus personajes.
• El arte de la gastronomía también está inmerso en sus novelas, mezclando ingredientes tan nutritivos como deliciosos, y por supuesto, con una sensualidad en las recetas que desarman a cualquiera.
• En esta ocasión en la sección que titulo: Amor a la lectura, os invito a leer un fragmento del libro: Gabriela, clavo y canela.
• Espero que os guste y os animéis a leer el libro.


Francis Davis Millet
• Introdujo la llave en la cerradura, resoplando por la subida; la sala estaba iluminada. ¿Habrían entrado ladrones?
• ¿O tal vez la nueva cocinera habría olvidado apagar la luz?
• Entró despacito y la vio dormida sobre una silla, con los largos cabellos esparcidos sobre los hombros.
• Después de lavados y peinados se habían transformado en una cabellera suelta, negra, acaracolada.



William Etty
• Vestía harapos pero limpios, seguramente los que traía en su atadito.
• Un desgarrón en la falda dejaba ver un pedazo de muslo color canela, los senos subían y bajaban levemente al ritmo del sueño, el rostro sonreía.
• -¡Mi Dios? - Nacib se quedó parado, sin poder creer.
• La miraba con un espanto sin límites; ¿cómo se había escondido tanta belleza bajo el polvo de los caminos?



John Singer Sargent
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• ¿Y cómo vivir sin ella, sin su risa tímida y clara, su color quemado de canela, su perfume de clavo, su calor, su abandono, su voz diciéndole "mozo lindo", el morir nocturno en sus brazos, aquel calor de su seno, aquella hoguera de piernas, cómo?
• Y sintió entonces cuanto significaba Gabriela. ¡Dios mío! ¿Qué le pasaba, por qué aquel súbito temor de perderla, por qué la brisa del mar era viento helado estremeciendo su gordura?
• No, ni pensar en perderla, ¿cómo vivir sin ella?


Johann Baptist Reiter (1813 - 1890)
• Gabriela, Clavo y Canela : Jorge Amado
• Nació en Brasil el 10 de agosto de 1912, murió el 7 de este mismo mes en 2001, tenía 89 años.
• Página dedicada al escritor Jorge Amado
Publicado por: Carmen Pascual, carmensabes

21/7/09

El paraíso era un autobús


Warren Edward Johnson (Blue Sky)



• " Pasaron otoños, primaveras, inviernos.
• A veces llovía y el viento aplastaba las gotas de lluvia contra los cristales del autobús, difuminando el paisaje urbano.
• Entonces, él imaginaba que el autobús era la casa de los dos.
• Había hecho unas divisiones imaginarias para colocar la cocina, el dormitorio de ellos, el cuarto de baño.
• E imaginaba una vida feliz: ellos vivían en el autobús, que no paraba de dar vueltas alrededor de la ciudad, y la lluvia o la niebla los protegía de las miradas de los de afuera. No había navidades, ni veranos, ni semanas santas.
• Todo el tiempo llovía y ellos viajaban solos, eternamente, sin hablarse, sin saber nada de sí mismos. Abrazados. "



• Juan José Millás ( su página web)
• El paraíso era un autobús (fragmento)


Dionisio Blanco