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10/5/11

La luna, poemas cósmicos


Maria Luisa Rojo ( Eclipse)
La Luna

* Llegaste a este recodo del camino
* Y te instalaste en la noche
* De los hombres
* Segura de tu luz regalada
* De tu silencio
* Y de la belleza de tus cambios
* De rostro
* Tu epidermis dibujada
* Por el fuego de los dioses
* Revela que el cosmos no es un lugar apacible
* Por ello
* Le escondes a los hombres
* El enigma de tus ojos verdaderos
* Y les muestras en tus siluetas de arena
* El espectro del futuro

Antonio Mora Vélez.

2/11/10

Oh, poesía, condúceme.....


Carl BouMansour
.
• Queridos amigos, en anteriores entradas os dije que iría rescatando más poemas del escritor sonorense Abigael Bohórquez.
• En esta ocasión se trata de una poesía que canta a la poesía en si misma, a la inspiración, a la necesidad de sentir bajo las yemas de los dedos de nuevo esa orden que nos dicta el espíritu cuando necesita expresarse.
• El poeta suplica, implora y ruega de manera vehemente que la poesía le ponga de nuevo a caminar.
• Con un léxico exquisito y múltiple en sus variantes lingüísticas, Bohórquez nos enriquece en matices heterogéneos y sobre todo nos emociona cuando nos sumergimos completamente en su inspirado universo.




Andrew Malinowski
• Poesía, desembárcame,
• échame a tierra y léñame;
• como a candil de sangre, enciéndeme,
• que sepa tu voz.
• Poesía, horádame,
• ancla en mí, balsamízame,
• sumérgeme en la luz líquida y lenta
• de este trago de vino;
• rescátame, tremólame,
• tengo hambre de tu lanza en mi costado.
• La transfiguración, poesía.
• Inúndame,
• haz de mis huesos el temblor;
• no tardes, tempestad,
• golpea,
• abre compuertas sin descanso al vértigo,
• amor de mi niñez, poesía,
• debemos dar el canto,
• es preciso, poesía,
• pertúrbame, combáteme,
• mira mi corazón, préndele fuego,
• deste derrumbe amante amasa el trino,
• no hay tiempo que perder,
• el sitio es éste, el corazón, oh, sed;
• desuéllame, poesía,
• asesta el golpe que debe abrir el surtidor,
• quebrántame;
• y en esta carne admonitoria,
• carne de dar, devuélveme el niño aquel,
• el niño aquel escarnecido y dulce
• que lamía tus manos.
• Oh, poesía, condúceme,
• desgástame, desquíciame,
• procede,
• de donde estés, ordena,
• y ponme a caminar.
--------------
• Exordio
• (Desierto mayor , 1980)



• Abigael Bohórquez


Sir Edward John Poynter


John William Waterhouse


Jean Jacques Henner


Walter Crane


Dariusz Brański

7/10/10

LA PAREJA


Sergey Smirnov

* Queridos amigos, hoy os presento una historia peculiar, de una pareja quizás demasiado perfecta, o quizás demasiado torpe, o de como la imperfección humana acaba brotando al exterior sin poder evitarlo.
*
o Un curioso relato, narrado con brillantez y acierto de mi admirado escritor Andrés Newman, espero que os guste.




Federico Lombardo

* La pareja: Andrés Newman.

* No huelga indicar que la torpeza puede, en ocasiones, ser fruto de un exceso de sincronización;
* Elisa y Elías eran sin duda un caso ejemplar.


Fred Calleri

* Incapaces de abrazarse sin que sus respectivos brazos izquierdo y derecho chocasen en el aire junto a sus cabezas, ambos despertaban la admiración de sus amistades.
* Tenían los mismos hábitos. Les gustaba la misma música.


Jack Vettriano

* Sus opiniones políticas no diferían ni siquiera en lo accesorio: simpatía por tal o cual ministro, fobia hacia este o aquel diputado.
* Se reían con parecidas bromas, y en los restaurantes cualquiera de ellos podía pedir dos menús idénticos sin consultar al otro.
* Jamás tenían sueño a horas distintas;
* lo cual, si estimulante sexualmente, resultaba fastidioso desde un punto de vista estratégico:


Claire B. Cotts

* Elisa y Elías competían en secreto por ocupar primero el cuarto de baño, por el último vaso de leche o por leer antes esa novela que, la semana anterior, ambos habían decidido comprar en su librería predilecta.
* Teóricamente, no cabe duda de que Elisa podía alcanzar el orgasmo junto con Elías sin ningún esfuerzo; pero, en la práctica, no eran pocas las veces en que acababan trenzados en incómodas posturas, derivadas de su deseo simultáneo de colocarse encima o debajo del otro.



Elli Crocker

* Hacéis una pareja perfecta; dos medias naranjitas, les solía decir la madre de Elisa, a lo que ambos respondían sonrojándose un poco, y pisándose un pie al adelantarse para ir a besarla.
* Te odio más que a nadie en este mundo, quiso aullar Elías cierta noche accidentada, sin conseguir que Elisa lo escuchase, o, mejor dicho, sin poder distinguir su propia voz de la de ella.


Sir Antony van Dyck

* Tras un sueño inhóspito, pleno de pesadillas con espejos, desayunaron en silencio y no necesitaron discutir para saber.
* Aquella tarde, al regresar del trabajo, a ella no la sorprendió encontrarse con la mitad del armario vacío mientras se disponía a llenar sus maletas.

* Como es natural, Elisa y Elías han intentado reconciliarse en más de una ocasión.


Pio Ricci

* Sus teléfonos, no obstante, suelen estar ocupados.
* Cuando en cambio han conseguido fijar un encuentro, tal vez ofendidos por la excesiva demora del otro en dar el paso, ninguno de los dos ha acudido a la cita.

* "La Pareja"
* ©Andres Neuman 2002


Egon Schiele

28/5/10

FUGA EN LOS JARDINES .


Charles W. Hawthorne

* Qué podría decir de la escritora Carmen Conde, una mujer fascinante y cultísima poseedora de un talento extraordinario que perdura en sus poemas, en su narrativa, en sus cuentos.
* Nació en Cartagena en el año 1907 y murió en Madrid en el año 1996, fue la primera mujer española que ingresó en la Real Academia Española.
* Su lírica es intensamente sensual, adoradora de la naturaleza y del amor como estandarte.
* Este poema que os muestro hoy, reclama la rendición del cuerpo, de la piel , clama a gritos desfogarse sin remilgos e invita a una fuga en los jardines realmente apasionante.





Neil Rodger

*

FUGA EN LOS JARDINES

* Las más jóvenes, deseándoos, avanzan
* por estas avenidas de árboles fragantes.
* Evaden primavera que a las flores oxida
* con un ardor oliendo a frutas, a corceles. ..
* ¡Qué salvaje presencia la de las hembras púberes
* entre glicinas cálidas, entre celindas vívidas!
* Exigen que las amen, que las sigan corriendo
* para volcarles júbilos sobre la orilla ebria.


Emilio Sala y Frances ...

Peter Kuhfeld

* ¡Muchachas, corred más: corred hasta la aurora!
* Estos grandes varones de los pechos revueltos
* ansían desgranaros, ¡oh mazorcas crujientes!,
* con su hambre de bocas y su hambre de frutos.
* Hasta el río, que es tajo delimitando sueños,
* huele a amor y a festines...

Edmund Charles Tarbell


Thomas Dewing

* Han temblado los álamos al estallar unánimes
* los oscuros latidos de dobles ruiseñores.
* Los regazos del musgo, el frío de los juncos,
* contemplando el encuentro aceleran su verde.
* Es un cántico trémulo, en gargantas sorbido
* por el amor abierto en mitad de la selva.



Dali

Charles Courtney Curran

* ¡Corred siempre, muchachas, que el seguiros excita
* el ardor de cogeros, suyas todas, a hombres
* que de fieros esgrimen el ademán tan sólo!
* Y envolveros en ropas de blanco lino puro
* para mojar con ellas esos cuerpos calientes,
* y amanecer ceñidas, ante el amor que vibra,
* por el celo del agua posesor de las vírgenes.

Frederick John Mulhaupt

Peter Kuhfeld

Thomas Dewing

Colin Campbell Cooper

Alfred Stevens

Guy Orlando

Franz Von Stuck

Javier Clavo

Simeon Solomon

5/10/09

El fantasma del barrio judío: Paul Leppin


Mary Jane Ansell
• Queridos amigos, hoy os mostraré un cuento del autor checo: Paul Leppin.
• Un escritor fructífero y brillante que cultivó no solo el arte de escribir cuentos, también fue un extraordinario autor teatral, poeta y novelista excelente.
• Nació en la ciudad de Praga el 27 de noviembre de 1878 y murió el 10 de abril del año 1945.
• Nos logra sumergir en el ambiente de su ciudad a través de las sensaciones de una mujer llamada Johanna.
• La descripción del ambiente es exquisita y la forma de escribir del autor nos introduce rápidamente en el justo instante que nos quiere mostrar.
• Espero que os guste.


Jared Joslin
• "En el centro de Praga, donde ahora forman anchas calles las altas y aireadas casas de alquiler, existía aún hace diez años el barrio judío.
• Un retorcido y lóbrego laberinto del que ninguna tormenta lograba barrer el olor a moho y paredes húmedas, y donde en verano las abiertas puertas despedían un aliento venenoso.


Prague Sunrise: Scott Burdick
• La suciedad y la pobreza apestaban a cual más, y en los ojos de los niños que allí crecían titilaba una indolente y cruel perversidad.
• A veces, el camino conducía a través de la panza de una casa, en forma de bajo y abovedado pasadizo, o daba una brusca vuelta para terminar de repente ante un muro.
• Los vendedores, que apilaban sus baratijas en el desigual adoquinado, delante de las tiendas, llamaban a los transeúntes con cara de astucia.
• En las entradas de las casas permanecían apoyadas las rameras de pintados labios, que reían con ordinariez, susurraban cosas a los oídos de los hombres y se levantaban la falda para enseñar las medias amarillas o verdosas.
• Viejas alcahuetas de blancas greñas y temblequeante mandíbula saludaban desde las ventanas, golpeaban el alféizar, llamaban con las manos y producían guturales sonidos de afán y satisfacción cuando algún individuo caía en la red y se aproximaba.


George Bellows
• Reinaba allí la lascivia y, una vez anochecido, invitaba a una visita con sus farolillos rojos.
• En algunos callejones había en cada casa un prostíbulo, cuchitriles donde el vicio se acostaba en un mismo lecho que el hambre, donde mujeres tuberculosas de marchitos encantos tenían establecido su mísero negocio; secretos tugurios en los que, entre murmullos y guiños, más de una chica en edad escolar era desflorada y su indefensa virtud terriblemente malvendida.


Fabián Pérez
• También había mancebías de postín, amuebladas con lujo, donde el pie sólo pisaba alfombras y las rollizas meretrices aparecían luciendo sedeños vestidos de cola.
• El salón Aaron se hallaba en un edificio de dos pisos, no lejos de la sinagoga y tocando a las destartaladas chozas del callejón de los gitanos.
• Dado el pobre aspecto de los alrededores, aquella casa casi producía un aspecto pulcro, pese a que el revoque de las paredes se había desprendido en parte y el polvo y la lluvia embadurnaban los vidrios de las encortinadas ventanas.
• De día dominaba el silencio.


Jeremy Lipking
• Sólo raras veces subía un cliente los gastados peldaños que conducían a la oscura entrada y, al cabo de una hora, volvía a salir rápidamente, vergonzoso y con el cuello subido. Pero de noche brotaba allí, como de pozos escondidos, una vida vibrante, ruidosa y llena de luz.
• Encendíanse las ventanas, y las risas aleteaban dentro como un pájaro encerrado en una jaula.
• Entre ellas sonaba la de Johanna; una especie de cálido arrullo, insinuante y sensual, que se distinguía claramente de las voces de las demás, y que en ocasiones ya se oía en medio del silencio matutino, como el canto de una alegre alondra enamorada.
• A Johanna le complacía que los hombres acudiesen a ella.


Fabián Pérez
• Estaba más solicitada que sus compañeras, porque a cada cliente le daba algo de esa dulzura apocada, torturadora e inquieta que llenaba su ser, y que los perezosos cuerpos de las otras mujeres no poseían. La propia Johanna se asombraba de ello.
• La profesión que para tantas rameras resultaba una aburrida y desagradable carga, despertaba en su persona un estático anhelo de amor, un acicate que sentía en su carne y que confería a sus ojos un brillo juvenil.


Gustav Klimt
• Con unos labios agrietados y heridos de tanto besar, bebía de la boca de los hombres, siempre invadida por la virginal voluptuosidad que acompañara su primer abrazo.
• En los descansos que le dejaba su pecaminoso trabajo, que le parecían insoportablemente largos y desiertos, escuchaba los pasos de los transeúntes, y si sonaba la campanilla, se le iluminaba el rostro y suspiraba.



Fabián Pérez
• Había muchos días en que saboreaba el amor hasta la saciedad, pero cuando por fin yacía en su cama con la cabeza atontada y los miembros doloridos, su memoria recorría aún todos los hombres conocidos, abandonándose al goce del recuerdo, y Johanna sonreía en la oscuridad.


Fabián Pérez

Zhaoming Wu
• A veces, sobre todo en verano, cuando se acostaba próxima ya la madrugada, su excitación aumentaba ya hasta el tormento.
• Entonces se asomaba en camisón a la ventana para observar el gueto. Extendía los desnudos brazos y sentía en su piel cual gotas de sangre la templada lluvia.
• Lo que tenía a sus pies, era su mundo.


Anna Bocek
• La ciudad donde parpadeaban las soñolientas luces de las casas de citas, donde en las callejuelas de mala reputación se acurrucaban pesadas sombras y, a lo lejos, un gimoteante violín o el duro tecleteo de un artefacto musical invitaba todavía a la diversión...
• Entonces una soñadora melancolía bañaba de lágrimas su cara.
• La brisa nocturna acariciaba suavemente sus senos, Johanna echaba la cabeza hacia atrás, y sus labios besaban el aire."
• Paul Leppin
• El fantasma del barrio judío, fragmento


Oskar Kokoschka, Praga

De Carmensabes poesia y arte